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29/10/2019 06:45 | Internacional
La “Toma de la Bastilla” sudamericana
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La “Toma de la Bastilla” sudamericana




El hito chileno se contrapone con lo que pasó en Bolivia y Argentina, donde los votos
de la gente desalojaron al neoliberalismo. Casi dos millones de personas marcharon
en Chile por el cambio de la Constitución, porque son más de 30 años que vienen
siendo humillados por una oligarquía que responde a intereses foráneos.


FOTO: REDES SOCIALES



A su modo, cada levantamiento, cada insurrección, cada revolución tiene sus motivos. En Ecuador, donde todo está en intervalo, fue la gasolina. En Chile, fue el boleto de subte. Pero también existe en Argentina y Bolivia, una expresión más sublime de revolución, que se dio con los votos y con las urnas, que allí le dijeron no al régimen neoliberal que intentaron instalar Wall Street, la Reserva Federal de EE.UU. y el FMI.




SANTIAGO DE CHILE (Especial para EL SOL ABC-por Sebastián Alborda Astete). Da pena ver todavía a los que llevaron a Chile a esta situación, todavía salir sin ningún prurito a decir en declaraciones en los medios neoliberales, que “todo esto pasa por políticas y leyes mal aplicadas, que la Constitución no se la entiende ni se la respeta ni sus normas se cumplen”. Es de un descaro total. Sí son y fueron ellos siempre, que con sus opiniones y oposiciones a la aplicación de leyes en beneficio de una salud y educación públicas gratuitas. Siempre salieron en contra e hicieron todo lo posible para que esto no se contemple en los debates del Congreso chileno.

Por ello, hay que recordarlo, desde la aparición de Camila Vallejos, las cientos de marchas de estudiantes reprimidas con gases, palos y detenciones.
Lo mismo con el tema de los pueblos mapuches, dueños legítimos de las tierras donde habitan, como de los cerros y agua que cuidaron desde hace más de 10 millones de años, mientras que los Piñera, los Williams, los Mackenna, los Frey, los Bachelet y tantos otros son familias que no sobrepasan los 100 años de antigüedad en suelo nacional y son los mismos que los postergan y los asesinan a mansalva, mientras El Mercurio esconde todas estas aberraciones contra el pueblo.


Hoy es la Constitución es la que debe renovarse

No hay más margen para la mentira y la marginación de todos nosotros. Sí, señores. Entiéndanlo bien: esto que vivimos en las calles, no tendrá solución si los señores regordetes de tanto evadir y fugar divisas de Chile no se sientan a acordar con el pueblo una nueva Constitución. Por lo que el llamado a una Asamblea Constituyente es lo que urge, y es lo que descomprimiría esta angustiante y delicada situación. Dejen de hablar de “humedades”.

Basta recordar cómo se gestaron las grandes revoluciones en el mundo. Y la Revolución Francesa es el faro que alumbra todavía el mundo, cuando los señores feudales y palaciegos de la monarquía francesa comían y destruían los bienes del pueblo francés, mientras éste hambreaba y moría en las barracas de los puertos o en la campiña, sin derecho a nada. Y fue el pan, precisamente, la gota que rebalsó el vaso. El precio de la harina. Acá en Chile el precio del boleto del subte, nada menos.
Por ello, para que recuerden los “feudales” chilenos, replico lo que hay publicado sobre la
Revolución Francesa:


La Revolución Francesa

La Revolución Francesa fue un conflicto social y político, con diversos períodos de violencia, que convulsionó Francia y, por extensión de sus implicaciones, a otras naciones de Europa que enfrentaban a partidarios y opositores del sistema conocido como el Antiguo Régimen.
Se inició con la autoproclamación del Tercer Estado como Asamblea Nacional en 1789 y finalizó con el golpe de Estado de Napoleón Bonaparte en 1799.
Si bien la organización política de Francia osciló entre república, imperio y monarquía constitucional durante 71 años después de que la Primera República cayera tras el golpe de Estado de Napoleón Bonaparte, lo cierto es que la revolución marcó el final definitivo del absolutismo y dio a luz a un nuevo régimen donde la burguesía, y en algunas ocasiones las masas populares, se convirtieron en la fuerza política dominante en el país.
La revolución socavó las bases del sistema monárquico como tal, más allá de sus estertores, en la medida en que lo derrocó con un discurso capaz de volverlo ilegítimo.
Los escritores del siglo XVIII, filósofos, politólogos, científicos y economistas, denominados philosophes, y desde 1751 enciclopedistas, contribuyeron a minar las bases del Derecho Divino de los reyes.
Pero ya en el racionalismo de René Descartes podría quizá encontrarse el fundamento filosófico de la Revolución. De este modo, la sola proposición «Pienso, luego existo» llevaría implícito el proceso contra Luis XVI.
La corriente de pensamiento vigente en Francia era la Ilustración, cuyos principios se basaban en la razón, la igualdad y la libertad.
La Ilustración había servido de impulso a las Trece Colonias norteamericanas para la independencia de su metrópolis europea.
Tanto la influencia de la Ilustración como el ejemplo de los Estados Unidos sirvieron de «trampolín» ideológico para el inicio de la revolución en Francia.


Causas de la revolución francesa

Las causas más influyentes fueron:
– La incapacidad de las clases gobernantes (nobleza, clero y burguesía) para hacer frente a los problemas de Estado
– La indecisión de la monarquía
– Los excesivos impuestos que recaían sobre el campesinado
– El empobrecimiento de los trabajadores
– La agitación intelectual alentada por el Siglo de las Luces
– El ejemplo de la guerra de la Independencia estadounidense
Más de un siglo antes de que Luis XVI ascendiera al trono (1774), el Estado francés había sufrido periódicas crisis económicas motivadas por:
– Largas guerras emprendidas durante el reinado de Luis XIV
– Mala administración de los asuntos nacionales en el reinado de Luis XV
– Las cuantiosas pérdidas que acarrearon la Guerra Francesa e India (1754-1763)
– El aumento de la deuda generado por los préstamos a las colonias británicas de Norteamérica durante la guerra de la Independencia estadounidense (1775-1783).


El régimen del terror
(1793 – 1794)

La Convención promulgó una nueva Constitución el 24 de junio en la que se ampliaba el carácter democrático de la República. La Constitución de 1793 reconocía el derecho al trabajo, a la asistencia social y a la enseñanza gratuita para todos. El sufragio censatario fue sustituido por el sufragio universal.
Sin embargo, este estatuto nunca llegó a entrar en vigor. El 10 de julio, la presidencia del Comité de Salvación Pública fue transferida a los jacobinos, que reorganizaron completamente las funciones de este nuevo organismo.
Tres días después, el político radical Jean-Paul Marat, destacado líder de los jacobinos, fue asesinado por Charlotte de Corday, simpatizante de los girondinos.
La indignación pública ante este crimen hizo aumentar considerablemente la influencia de los jacobinos en todo el país.
El dirigente jacobino Maximilien de Robespierre pasó a ser miembro del Comité de Salvación Pública el 27 de julio y se convirtió en su figura más destacada en poco tiempo. Robespierre, apoyado por Louis Saint-Just, Lazare Carnot, Georges Couthon y otros significados jacobinos, implantó medidas policiales extremas para impedir cualquier acción contrarrevolucionaria.
Los poderes del Comité fueron renovados mensualmente por la Convención Nacional desde abril de 1793 hasta julio de 1794, un periodo que pasó a denominarse Reinado del Terror.
Desde el punto de vista militar, la situación era extremadamente peligrosa para la República. Las potencias enemigas habían reanudado la ofensiva en todos los frentes. Los prusianos habían recuperado Maguncia, Condé-Sur-L’Escaut y Valenciennes, y los británicos mantenían sitiado Tolón. Los insurgentes monárquicos y católicos controlaban gran parte de La Vendée y Bretaña.
Caen, Lyon, Marsella, Burdeos y otras importantes localidades se hallaban bajo el poder de los girondinos. El 23 de agosto se emitió un nuevo decreto de reclutamiento para toda la población masculina de Francia en buen estado de salud. Se formaron en poco tiempo catorce nuevos ejércitos —alrededor de 750.000 hombres—, que fueron equipados y enviados al frente rápidamente.
Además de estas medidas, el Comité reprimió violentamente la oposición interna.
María Antonieta fue ejecutada el 16 de octubre, y 21 destacados girondinos murieron guillotinados el 31 del mismo mes.
Tras estas represalias iniciales, miles de monárquicos, sacerdotes, girondinos y otros sectores acusados de realizar actividades contrarrevolucionarias o de simpatizar con esta causa fueron juzgados por los tribunales revolucionarios, declarados culpables y condenados a morir en la guillotina.
El número de personas condenadas a muerte en París ascendió a 2.639, más de la mitad de las cuales (1.515) perecieron durante los meses de junio y julio de 1794.
Las penas infligidas a los traidores o presuntos insurgentes fueron más severas en muchos departamentos periféricos, especialmente en los principales centros de la insurrección monárquica.
El tribunal de Nantes, presidido por Jean-Baptiste Carrier, el más severo con los cómplices de los rebeldes de La Vendée, ordenó la ejecución de más de 8.000 personas en un periodo de tres meses. Los tribunales y los comités revolucionarios fueron responsables de la ejecución de casi 17 mil ciudadanos en toda Francia.
El número total de víctimas durante el Reinado del Terror llegó a 40.000. Entre los condenados por los tribunales revolucionarios, aproximadamente el 8% eran nobles, el 6% eran miembros del clero, el 14% pertenecía a la clase media y el 70% eran trabajadores o campesinos acusados de eludir el reclutamiento, de deserción, acaparamiento, rebelión u otros delitos.
Fue el clero católico el que sufrió proporcionalmente las mayores pérdidas entre todos estos grupos sociales. El odio anticlerical se puso de manifiesto también en la abolición del calendario juliano en octubre de 1793, que fue reemplazado por el calendario republicano. El Comité de Salvación Pública, presidido por Robespierre, intentó reformar Francia basándose de forma fanática en sus propios conceptos de humanitarismo, idealismo social y patriotismo.
El Comité, movido por el deseo de establecer una República de la Virtud, alentó la devoción por la república y la victoria y adoptó medidas contra la corrupción y el acaparamiento.
Asimismo, el 23 de noviembre de 1793, la Comuna de París ordenó cerrar todas las iglesias de la ciudad —esta decisión fue seguida posteriormente por las autoridades locales de toda Francia— y comenzó a promover la religión revolucionaria, conocida como el Culto a la Razón.
Esta actitud, auspiciada por el jacobino Pierre Gaspard Chaumette y sus seguidores extremistas (entre ellos Hébert), acentuó las diferencias entre los jacobinos centristas, liderados por Robespierre, y los fanáticos seguidores de Hébert, una fuerza poderosa en la Convención y en la Comuna de París.
Durante este tiempo, el signo de la guerra se había vuelto favorable para Francia. El general Jean Baptiste Jourdan derrotó a los austríacos el 16 de octubre de 1793, iniciándose así una serie de importantes victorias francesas.
A finales de ese año, se había iniciado la ofensiva contra las fuerzas de invasión del Este en el Rin, y Tolón había sido liberado.
También era de gran relevancia el hecho de que el Comité de Salvación Pública hubiera aplastado la mayor parte de las insurrecciones de los monárquicos y girondinos.


Etapas de la revolución francesa

– La Asamblea Constituyente (1789-1791): formada por decisión de los miembros de la burguesía en el seno de la Asamblea de los Estados Generales convocados por el Rey; abolió los privilegios, sometió al clero al poder civil y secularizó sus bienes, ordenó la redacción de la “Declaración de los derechos del hombre”, y estableció el imperio de la Constitución de 1791.
– La Asamblea Legislativa (1791-1792): elegida por sufragio censitario y donde se impuso la tendencia republicana de los moderados girondinos y los extremistas jacobinos sobre los defensores de la monarquía; creó el ejército nacional para defender el proceso revolucionario contra los demás monarcas europeos, ya que los nobles que habían emigrado trataban de conseguir la ayuda de Prusia y Austria para restablecer el “Antiguo Régimen”.
– La Convención (1792-1795): que reclamó la República, dio muerte al monarca e impuso un régimen de terror tal, que nadie se sentía seguro después del asesinato de Marat y la ejecución de Dantón, dos líderes revolucionarios.
La Convención pretendió borrar todo vestigio del pasado, cambiando el calendario e introduciendo el culto a la diosa Razón; mas, la posición extremista de Robespierre unió a todas las fuerzas contra él y se le ajustició, junto a sus colaboradores que habían llevado la violencia al paroxismo mediante la implantación de ese régimen de terror.
Se impusieron importantes restricciones al poder de la Iglesia católica mediante una serie de artículos denominados Constitución civil del Clero:

  • Confiscación de los bienes eclesiásticos
  • Se permitió al Estado emitir un nuevo tipo de papel moneda, los asignados, garantizado por las tierras confiscadas
  • Que los sacerdotes y obispos fueran elegidos por los votantes
  • Recibieran una remuneración del Estado
  • Prestaran un juramento de lealtad al Estado
  • Que las órdenes monásticas fueran disueltas.
Toma de la Bastilla, 14 de julio de 1789.
– El Directorio (1795-99): que fue un gobierno moderado y que, ante el peligro de un retorno de la reacción o de un rebrote del terror, acabó por ceder el poder a un joven general que se había distinguido por sus victorias contra los austríacos en Italia: Napoleón Bonaparte.
 


Fuente: https://www.edukativos.com/apuntes/archives/2025






 
 
 
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